La historia de Aintzane y su familia

15/12/2021

Durante cinco semanas estuvimos en el techo del mundo, y a los pies de la cordillera del Karakorum. La naturaleza, es tan cruda como hermosa en Baltistán. ¡Preciosa! ¡Incomparable!
Pero aunque la belleza de sus parajes sea conmovedora, ¡el calor y el ser de las gentes del Valle de Hushe es indescriptible! ¡Genial!


En verano de 2019 viajé a Machulo, Baltistán, en el norte de Pakistán, con mis hijos de 20 y 18 años y mi marido.

Félix Iñurrategi era amigo nuestro desde muy joven.

Quería conocer qué estaban haciendo en su nombre en aquellas tierras remotas para ayudar a desarrollar el Valle de Hushe en Baltistán.

Un día, a la hora de la cena, pregunté a mis chicos si se animarían a ir a Baltistan. Para misorpresa, el sí fue rotundo.

Me dirigí a Alberto Iñurrategi para preguntarle si veía como algo posible llevar a cabo esa aventura: “¡Puff!” fue su primera palabra. “Qué valientes”, la segunda.

La vida de las mujeres no es fácil en lugares como Baltistán. Iñurrategi me puso en contacto con Txaro Otxandorena, otra mujer que ya conocía a las mujeres de Machulo. Nos reunimos con ella en un bar de Olazti. Los de casa no lo dudaron: “Sí, ama. Nos vamos!
La decisión estaba tomada.

¿Y qué podemos hacer allí? Fue la siguiente pregunta. En la sede de la Fundación Baltistán de Bilbao pronto se definieron las tareas de mi marido y mis hijos en el Valle de Hushe.

¿Y yo? Siendo mujer, ¿Qué podía hacer allí?

En la época estival, en Machulo es temporada de albaricoques. Dije que podría ayudar a las mujeres a deshuesar los albaricoques o “chulis”. En la fundaciónme dijeron que eso ya lo saben hacer las mujeres de allí. Me dijeron que debería de aportarles algo nuevo o algo que pudiera sermás eficaz para ellas.

Pensamos que podía enseñarles a coser o a hacer jabón. Durante toda mi vida, aunque nunca había cogido aguja ni el hilo en la mano, estuve un año aprendiendo a coser. También aprendí a hacer jabón.
A falta de seis días para ir hacia Baltistán, Iñurrategi me llamó: Me dijo que si las mujeres fueran capaces de hacer gorros de lana de invierno, Ternua, podría estar dispuesta a comercializarlos aquí. Me dio 3 -4 modelos diferentes de gorro.

Yo estaba contenta de haber aprendido a coser… Pero yo no sabía hacer ni punto ni ganchillo… aún asílo cierto era que teníamos una oportunidad para las mujeres del Valle de Hushe.

Por las noches aprendí a hacer ganchillo en los tutoriales de internet: 2-3 modelos diferentes.
Cargué la mochila de ganchillos, agujas y lanas y partí con mi familia hacia Machulo.


Cada uno de nosotros teníamos una tarea concreta desde el principio. Mis hijos se pasaban el día con los profesores del valle formándoles en informática e inglés. Mi marido, por su parte, pasó los días animando a los responsables de la Fundación Félix Baltistán para que las mujeres crearan pequeñas cooperativas.

Yo, estuve con 50 mujeres de cuatro pueblos del Valle de Hushe enseñándoles cómo hacer jabón y cómo tejer gorros para Ternua.

Era la época estival. Las mujeres, a diferencia de los hombres, estaban a tope de trabajo. Ellas son las que se encargan del cuidado de la familia, de la casa e incluso se encargan del trabajo en el campo. Pero cada mañana de 10 a 13 horas nos reuníamos en los locales que la Fundación tiene habilitado para ellas. ¡Era su ratito! En presencia de un hombre, no se oía ni el más mínimo murmullo por parte de ellas. Nada. En cuanto nos quedábamos solas las charlas y las carcajadas no cesaban.

Las mujeres balties no hablan inglés ni urdu. ¡Yo tampoco!
Cada mañana les decía tres cuatro frases en balti y diría que se sentían a gusto. Aprendieron a hacer gorros en euskera: “ bat, bi, hiru”, “kanpotik barrura”, “ gehiago, gehiago”, “oso ondo” les decía yo, y en pequeños grupos, es lo que se repetían constantemente entre ellas. ¡Fue un auténtica gozada!

¡Y qué buenas eran! ¡En seguida se apoderaban de lo que tenían que hacer!

Estuve dos semanas con las mujeres balties. Yo encantada de la experiencia. Mis hijos y marido también encantados del trabajo realizado con sus nuevos amigos.

Pero no todo fue trabajo. Durante una semana pudimos recorrer algunas de las “pequeñas montañas” del Valle de Hushe.

Y tras casi cuatro semanas en Machulo, con gran pena, dejamos el valle por la terrorifica carretera Karakorum Highway


Después de dos años, el trabajo realizado por las mujeres del Valle de Hushe ya está aquí. ¡Un trabajo que indica que en aquel valle las mujeres tienen mucho que decir! ¡¡Un trabajo que tal vez enseñe a los hombres de allí; a maridos, a padres, a hermanos o incluso a hijos, que las mujeres de la casa y del pueblo tienen mucho que decir en el desarrollo del valle!!